PARA QUE LOS HOMBRES
Para que los hombres no tengan vergüenza
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro
pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.
Fui al río...
Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de
mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo
vago y pálido en él
con sus primeras sílabas
alargadas,
pero no podía.
Regresaba
—¿Era yo el que
regresaba?—
en la angustia vaga
de sentirme solo entre
las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en
mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas
de señas,
con sus hondos reflejos
apenas estrellados.
Corría el río en mí con
sus ramajes.
Era yo un río en el
anochecer,
y suspiraban en mí los
árboles,
y el sendero y las
hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me
atravesaba un río!
IMAGEN TOMADA DE: http://www.elortiba.org/juanele.html#SELECCION_POETICA

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