Entre perro y lobo
Me dividen en dos.
Me engendran cada día en
la paciencia
y en un negro organismo
que ruge como el mar.
Me recortan después con
las tijeras de la pesadilla
y caigo en este mundo con
media sangre vuelta a cada lado:
una cara labrada desde el
fondo por los colmillos de la furia a solas,
y otra que se disuelve
entre la niebla de las grandes manadas.
No consigo saber quién es
el amo aquí.
Cambio bajo mi piel de
perro ax lobo.
Yo decreto la peste y
atravieso con mis flancos en llamas las planicies del porvenir
[y del pasado;
yo me tiendo a roer los
huesecitos de tantos sueños muertos entre celestes pastizales.
Mi reino está en mi
sombra y va conmigo dondequiera que vaya,
o se desploma en ruinas
con las puertas abiertas a la invasión del enemigo.
Cada noche desgarro a
dentelladas todo lazo ceñido al corazón,
y cada amanecer me encuentra
con mi jaula de obediencia en el lomo.
Si devoro a mi dios uso
su rostro debajo de mi máscara,
y sin embargo sólo bebo
en el abrevadero de los hombres un aterciopelado veneno de piedad que raspa las
entrañas.
He labrado el torneo en las
dos tramas de la tapicería:
he ganado mi cetro de
bestia en la intemperie,
y he otorgado también
jirones de mansedumbre por trofeo.
Pero ¿quién vence en mí?
¿Quién defiende mi
bastión solitario en el desierto, la sábana del sueño?
¿Y quién roe mis labios,
despacito y a oscuras, desde mis propios dientes?
de "LOS JUEGOS
PELIGROSOS" (1962)

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