Hay una huella en tu corazón
que no he recorrido.
Conozco con ardor los pliegues
de tu risa transformando la estancia.
Conozco con ardor el perfume
de tu cuerpo perforado de espíritu,
esa mirada oscura tuya,
convocándome.
Siempre, no obstante, resta
un secreto: el camino encantado
de tu pensamiento.
¿Oís el río, Okusai?
¿Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.
Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.
¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Déjate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?
domingo, 26 de abril de 2015
sábado, 14 de marzo de 2015
OSCAR HAHN
¿Por qué escribe usted?
Porque el fantasma porque
ayer porque hoy:
porque mañana porque sí
porque no
Porque el principio
porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el
medio porque el jardín
Porque Góngora porque la
tierra porque el sol:
porque San Juan porque la
luna porque Rimbaud
Porque el claro porque la
sangre porque el papel:
porque la carne porque la
tinta porque la piel
Porque la noche porque me
odio porque la luz:
porque el infierno porque
el cielo porque tú
Porque casi porque nada
porque la sed
porque el amor porque el
grito porque no sé
Porque la muerte porque
apenas porque más
porque algún día porque
todos porque quizás
domingo, 8 de marzo de 2015
ALEJANDRA PIZARNIK
POEMA
Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.
Tú haces de mi vida
esta ceremonia demasiado pura.
GABRIELA MISTRAL
AUSENCIA
Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.
¡Se te va todo, se nos va todo!
Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.
Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.
Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche,
como demencia de mares solos!
¡Se nos va todo, se nos va todo!
JUANA DE IBARBOUROU
BAJO LA LLUVIA
¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene… me mira… nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
ALFONSINA STORNI
ESTA TARDE
algún hombre divino
que sea como un ave por lo dulce,
que haya habido mujeres infinitas
y sepa de otras tierras, y florezca
la palabra en sus labios, perfumada:
suerte de selva virgen bajo el viento…
Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
blanda y tranquila como espeso musgo,
tiembla mi boca y mis dedos finos,
se deshacen mis trenzas poco a poco.
Siento un vago rumor… Toda la tierra
está cantando dulcemente… Lejos
los bosques se han cargado de corolas,
desbordan los arroyos de sus cauces
y las aguas se filtran en la tierra
así como mis ojos en los ojos
que estoy soñando embelesada…
Pero
ya está bajando el sol de los montes,
las aves se acurrucan en sus nidos,
la tarde ha de morir y él está lejos…
lejos como este sol que para nunca
se marcha y me abandona, con las manos
hundidas en las trenzas, con la boca
húmeda y temblorosa, con el alma
sutilizada, ardida en la esperanza
de este amor infinito que me vuelve
dulce y hermosa…
sábado, 14 de febrero de 2015
ALBERTO GIRRI
Oficio de amor
De la intimidad que ahora
nos asusta
Sale el pasado,
Sale la espléndida
nostalgia,
Ejercicio callado del
ocaso;
De la valuación de Dios
en la plegaria,
Para que no estemos uno
fuera del otro,
Saldrá la amenaza,
Celosa corrosión de los
gestos
Interrumpiendo nuestro
abrazo.
¡Oh manoseados
sentimientos!
Más y mejor seré yo mismo
Cuando guarde de tu boca
la idea
Y aunque ya no pase del
existir a la presencia
Igualmente me verás
contra tu boca
Vigilando la mudanza de
los días
Hasta que, siendo como yo
reliquia,
Me ayudes a evitar esta
agonía.
(de "Obra poética
IV", 1984)
IMAGEN TOMADA DE: http://campodemaniobras.blogspot.com.ar/2014_01_01_archive.html
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